El último libro que me he leído se titula Naturaleza Virgen de Robert Macfarlane y trata sobre los distintos viajes que hizo por la civilizada Gran Bretaña en busca de reductos vírgenes inspirado por las lecturas de escritores y poetas románticos que ya recorrieron esos parajes o por leyendas cristiano-celtas que tenían como telón de fondo los mismos.
Cada capítulo trata sobre un viaje a un territorio natural en concreto: cumbre, valle, isla, bosque, turbera, peñasco, marisma, etc...y de todos ellos, el que más me ha interesado, pese al ser el más frecuentado por mi y el que más accesible tengo, ha sido la cañada. Empecé a leer el capítulo sin saber que era una cañada, aunque e caminado por varias de ellas sin saberlo.
Las cañadas son depresiones del terreno erosionadas a lo largo de milenios en el lecho de la roca hasta formar un camino hundido. La mayoría de estas rutas fueron inicialmente vías que conducían al mercado o sendas de peregrinos. El paso de carros, los caballos y las personas a lo largo de los siglos fue abriendo surcos en la piedra, y a medida que las rodadas se volvían profundas, el camino se convirtió en una ruta natural para el agua. El agua de la lluvia y las tormentas transformaba estos caminos en ríos temporales que arrastraban a su paso fragmentos de piedras sueltas y tallaban aún más el terreno, hundiéndolo entre los prados y los campos.
Estas que pongo con cañadas de Asturias por las que caminé en el Camino Primitivo.





1 comentario:
ohhh que recuerdos de Asturias!!
y pasamos por tantas cañadas sin saberlo!
puxa Asturies!!! que ganas de volver!!
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